En el mundo de la crianza de aves, especialmente cuando se trata de gallos y gallinas, las opiniones pueden variar ampliamente. Recientemente, Wander compartió su perspectiva
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, asegurando que, en su experiencia, el gallo aporta más que la gallina en el desarrollo de la línea y el desempeño de la crianza.
Según Wander, el papel del gallo va más allá de simplemente fertilizar los huevos. Un buen gallo aporta genética de calidad, resistencia y temperamento, características que se transmiten a la descendencia.
Además, la selección cuidadosa del gallo permite consolidar rasgos específicos dentro de la línea, lo que ayuda a mantener la consistencia y la fuerza de la cría a lo largo del tiempo.
Por otro lado, aunque la gallina es esencial para la reproducción y el cuidado de los polluelos, Wander destaca que sin un gallo fuerte y de buena genética, los resultados en
la descendencia pueden no ser tan destacados. Es decir, la combinación de ambos es importante, pero la influencia del gallo en la herencia de ciertos rasgos puede ser decisiva en la crianza exitosa.
Wander también subraya que esto no significa que la gallina sea menos importante. Ambos sexos cumplen funciones complementarias. La gallina aporta su cuidado, protección

y características genéticas únicas, mientras que el gallo fortalece la línea con atributos específicos que muchas veces definen el éxito de la cría.
En conclusión, según la experiencia de Wander, un buen gallo es un factor clave para el desarrollo de una línea consistente y fuerte. La crianza responsable implica valorar y seleccionar cuidadosamente tanto al gallo como a la gallina,

entendiendo que cada uno aporta elementos esenciales al proceso. Esta visión resalta la importancia de la genética, la planificación y el conocimiento en la crianza de aves.
