Los únicos dos padrotes k Rafael Perelló no pudo comprarle a Chuito Vela

Cuando se repasa la trayectoria de Rafael Perelló dentro de este deporte una constante salta a la vista: su capacidad para identificar, perseguir y adquirir reproductores de valor comprobado.

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Perello lo que otros admiraban, pero solo compraba cuando entendía que detrás había genética probada y criterios de selección serios.

Sin embargo, hubo dos padrotes que ni su reputación ni su chequera pudieron sacar de manos ajenas: el 248 y el Terrorista, propiedad de Chuito Vela.

Según cuentan quienes vivieron esa época, Perelló hizo más de un intento formal por adquirirlos. No fue un acercamiento improvisado; hubo intención real, conversación directa y ofertas consideradas “fuera de lo común” para la época. Pero Chuito Vela tenía otra lógica:

esos dos padrotes no eran simples ejemplares en su criadero  eran pilares de su proyecto genético y símbolos de su criterio como encastador. Venderlos habría sido amputar el corazón de su programa.

El 248 se destacaba por su consistencia en la reproducción: no daba “destellos”, daba familia funcional. El Terrorista, en cambio, se recordaba por su sello de carácter: transmisor de valentía limpia y cabeza fría, dos virtudes difíciles de juntar en una misma línea.

Para Perelló, incorporar uno de ellos habría sido absorber años de ventaja genética en un solo movimiento; para Chuito Vela, desprenderse de ellos habría sido renunciar a la identidad de su casa.

El hecho de que Perelló pudiera comprar casi todo lo que quiso —excepto esos dos— terminó agrandando la leyenda.

Porque a veces lo que no se vende, lo que nadie puede comprar, es precisamente lo que define la jerarquía real dentro de este deporte tener algo tan bueno que ni el mejor postor puede sacártelo de las manos.

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