El criador Enrique Senseton, conocido por su ojo clínico para detectar ejemplares superiores, confesó en una conversación reciente que jamás ha vuelto a encastar un ejemplar como el mítico
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“Tiger Wood”, un ejemplar que —según él— marcó un antes y un después en su traba. “He criado buenos ejemplar incluso muy buenos —pero como ese no ha salido otro”, afirmó sin titubeo.
Senseton contó que “El Tiger Wood” no nació etiquetado como fenómeno. De hecho, era un ejemplar que pasó casi desapercibido en sus primeras semanas, pero desde el primer trabajo serio mostró una cabeza distinta:
sabía colocarse, no regalaba el cuerpo, y mientras otros se aceleraban él parecía “pensar” “Era el tipo de ejemplar que da tiempo… y el que da tiempo casi siempre quita tiempo al otro”, recordó.

La fama del ejemplar llegó cuando ganó tres compromisos duros en coliseos distintos, enfrentando líneas que en ese momento dominaban las carteleras. Su consistencia, combinada con una respiración impecable y un
paso frío, lo convirtieron en referencia dentro y fuera de la provincia. “No era solo que ganaba —era cómo ganaba. Tenía oficio sin haberlo vivido, como si hubiera nacido sabiendo”, relata.
Senseton ha intentado replicar esa vena cruzando hermanas, nietas y descendientes indirectas, pero reconoce que el molde no se repite fácil. “Puedes heredar color, porte y algunos gestos… pero el instinto no se fabrica por decreto”, sentencia.
Para él, “El Tiger Wood” fue uno de esos ejemplar que aparecen cada diez o quince años: un accidente elegante de genética, manejo y suerte.

“Ese ejemplar me enseñó que hay ejemplares que no se crían: simplemente te tocan”, concluyó.
