En el mundo del gallismo, las palabras de Grabiél Yannie han despertado gran interés: “los gallos son el termómetro para medir la amistad”.
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Con esta frase, el reconocido apasionado por este deporte quiso resaltar cómo las aves de combate se convierten en un verdadero símbolo de confianza, respeto y unión entre los galleros.
Para muchos, compartir gallos no es solo un pasatiempo, sino un estilo de vida que refleja la seriedad y la lealtad de cada persona.
Yannie explica que, cuando dos amigos deciden intercambiar o prestar un ejemplar, lo que realmente ponen a prueba no es la calidad del gallo, sino la solidez del vínculo que los une.
Un gallo fino representa meses de crianza, cuidado y dedicación, por lo que confiarlo a otro es un acto de plena seguridad y respeto.

Además, dentro de los coliseos y en los criaderos, los gallos revelan el verdadero carácter de quienes se dicen amigos. Hay quienes se alegran sinceramente por los triunfos del otro, mientras que otros dejan ver envidia o celos.
Por eso, como afirma Yannie, los gallos sirven como un “termómetro”: marcan quién es amigo genuino y quién solo está por conveniencia.
El gallismo, más allá de la competencia, es también una hermandad. En cada cruce, en cada apuesta y en cada triunfo o derrota, se fortalecen los lazos de confianza.
Para Grabiél Yannie, aquel que comparte un gallo de sangre fina con un compañero demuestra no solo generosidad, sino también el más alto grado de amistad.

En conclusión, los gallos no son solo animales de combate; en la visión de Yannie, son un reflejo del corazón humano. Y como todo termómetro, no mienten: muestran con claridad la temperatura real de la amistad.
