La meta de Edwin Valerio era tener los mejores ejemplares Jabao del mundo y dice que ya lo logró gracias al Flaco de Miche

Desde muy joven, Edwin Valerio tuvo un sueño claro: criar los mejores ejemplares Jabao del mundo. Con pasión y dedicación, dedicó años a estudiar las líneas de  genética y las técnicas de

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entrenamiento que permiten que un ejemplar alcance su máximo potencial. Para Edwin, cada ejemplar no era solo un animal, sino un proyecto que reflejaba disciplina, amor por el trabajo y respeto por la tradición de este deporte

Sin embargo, alcanzar la excelencia no era tarea fácil. Los desafíos eran muchos: seleccionar los padres adecuados, cuidar cada detalle de su alimentación y salud, y entrenar a los ejemplare para

que mostraran su fuerza, agilidad y resistencia en la arena. Fue entonces cuando apareció una figura clave en su historia: el Flaco de Miche.

Edwin asegura que gracias al Flaco de Miche pudo perfeccionar su técnica y descubrir secretos que le permitieron llevar sus ejemplare Jabao al más alto nivel. La experiencia y conocimientos del Flaco de Miche complementaron el esfuerzo de Edwin, convirtiéndose en un mentor y aliado estratégico.

Juntos lograron identificar líneas de superiores y desarrollar ejemplares que no solo destacan por su fuerza, sino también por su inteligencia y temperamento equilibrado.

Hoy, Edwin Valerio puede decir con orgullo que su meta se ha cumplido. Sus ejemplares  Jabao son reconocidos en competencias nacionales e internacionales, y muchos criadores buscan aprender de sus métodos para replicar su éxito.

Pero más allá de los trofeos y los reconocimientos, Edwin valora la pasión que lo ha llevado hasta aquí y la colaboración con el Flaco de Miche, quien, según él, fue pieza fundamental en la creación de los mejores ejemplares Jabao del mundo.

El legado de Edwin no solo se mide en victorias, sino en la dedicación, constancia y amistad que hicieron posible un sueño que hoy es una realidad.

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