Luis Domínguez volvió a encender el tema del mítico 9088, un ejemplar que según sus propias palabras le cambió la vida y lo convirtió en un referente entre criadores de alta liga.
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En una conversación reciente, Domínguez recordó cómo este ejemplar no solo le dio compromisos memorables, sino que le abrió las puertas a un mercado que muchos consideran reservado para pocos: la de líneas finas a precios de cinco cifras.
Con tono de orgullo, relató que gracias al 9088 —un reproductor que definió como “un antes y un después”— logró vender numerosos de ejemplares hijos y nietos de esa entre 10 mil dólares y 15 mil dólares, cifras que para algunos parecen
exageradas, pero que en el mundo de los este deporte finos son realidad cuando hay historial, consistencia y reputación detrás del cruce. “El 9088 me dio más que dinero, me dio nombre”, expresó.
Domínguez explicó que no fue casualidad ni suerte; aseguró que detrás de esas ventas hubo selección rigurosa, disciplina y, sobre todo, resultados comprobables en el coliseo.

Cada transacción respaldada por videos, récords y testimonios de quienes compraron descendencia del 9088 y terminaron ganando cartelera. Esa cadena de éxitos, dice, fue lo que disparó el valor.
Finalmente, envió un mensaje a los jóvenes criadores que sueñan con tener “su 9088”: no se trata solo de pagar caro un padrote,

sino de saber trabajarlo, cruzarlo y sostener una línea con criterio. “El ejemplar puede ser el 9088, pero si tú no eres 9088 trabajando, no te va a dar nada”, concluyó.
