En la memoria de este deporte boricua abundan anécdotas que parecen leyendas, y una de las más recordadas es la de don Rafael Perelló, un
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apasionado criador que marcó una época. Su nombre se vincula directamente con la compra de uno de los ejemplares más famosos:
el Mujeriego, adquirido a Chuito Vela. Este ejemplar se convirtió en insignia, llevando la línea de Perelló a lo más alto en las instalaciones de Puerto Rico y fuera de la isla.
Pero lo curioso de esta historia no está únicamente en el ejemplar sino en la g@llina que acompañaba el trato. Chuito Vela, como era costumbre entre criadores, decidió obsequiar a Perelló una hembra que, a simple vista, no convencía a nadie.
Era grande, desbarbada, de pluma desordenada y sin gracia alguna. Por esa apariencia poco atractiva le pusieron el nombre de Beti la Fea.
Don Rafael, al verla, pensó rechazarla. No la quería entre sus crianzas porque consideraba que no tenía futuro en la reproducción.

Sin embargo, aceptó el regalo casi por compromiso, sin imaginar que aquella g@llina fea se convertiría en la piedra angular de una de las mejores líneas que pasaron por su criadero
Beti la Fea transmitió vigor, resistencia y cualidades de combate excepcionales. Sus hijos dieron números en los coliseos y se ganaron el respeto de conocedores y rivales. Lo que parecía un simple despojo terminó siendo una joya genética invaluable.

La historia de Perelló, el Mujeriego y Beti la Fea recuerda a los galleros que, en la crianza, muchas veces lo que menos brilla a primera vista es lo que guarda la verdadera grandeza.
