En el mundo de la crianza de ejemplares de corral, uno de los errores más comunes que cometen algunos criadores es quitarle los hijos a la mamá demasiado pronto para criarlos de manera artificial.
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Aunque la intención sea acelerar el crecimiento o mantener un control más directo, expertos aseguran que esta práctica trae más problemas que beneficios.
Cuando la mamá cría a sus hijos de manera natural, no solo les proporciona calor y protección, sino también defensa inmunológica.
El contacto constante con la madre ayuda a fortalecer el sistema de los hijos ya que la mama transmite anticuerpos y enseña a sus crías a alimentarse correctamente.
Sin embargo, al separarlos, los ejemplares suelen volverse más vulnerables a enfermedades.

La falta del calor natural de la mama obliga a depender de lámparas o incubadoras, y si no se manejan bien las temperaturas, muchos se debilitan .
Además, sin la guía de la madre, el aprendizaje de cómo picar alimento o buscar agua se ve limitado, afectando su desarrollo.
Las personas con experiencia explican que una mama que cría sus hijos tiende a producir más fuertes, resistentes y con mejor comportamiento en el patio.
Por el contrario, aquellos criados sin madre suelen requerir más medicamentos, suplementos y cuidados, lo que eleva los costos y reduce la calidad final del lote.
Por eso, la recomendación es clara: no quitarle los hijos a la mama solo por comodidad o por querer control absoluto.

La naturaleza ya diseñó el mejor sistema de crianza, y respetarlo asegura pollos más saludables y con mejores defensas para enfrentar el futuro.
