En el mundo del gallerismo, los nombres de los gallos campeones suelen brillar con más fuerza que cualquier otro detalle de la crianza.
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Sin embargo, Mon Diez, reconocido criador y apasionado del deporte, lanzó una reflexión que ha dado mucho de qué hablar: “Todos hablan de mi gallo El Rayo, pero nadie habla de las gallinas que ponen los huevos”.
Con esta frase, Mon Diez quiso destacar un punto fundamental en la crianza de gallos de combate: la importancia de las líneas maternas.
Aunque los gallos son los que saltan al ruedo y se llevan el aplauso del público, la verdadera base genética y la calidad de la descendencia provienen, en gran medida, de las gallinas.
Son ellas las que transmiten fuerza, resistencia, carácter y temperamento a los pollitos que luego se convertirán en futuros campeones.

El criador explicó que muchas veces la atención se centra en el gallo estelar, en su historial de victorias o en su aspecto físico, pero se deja a un lado el papel de las reproductoras. “
Un gallo como El Rayo no nace de la nada, detrás de él hay un trabajo de selección en las gallinas, porque son las que marcan la diferencia en cada cruce”, afirmó Mon Diez.
Su declaración también invita a reflexionar sobre el sacrificio y el cuidado que conlleva mantener una buena línea de madres.
No es simplemente tener gallinas, sino elegir las mejores, alimentarlas bien, mantenerlas saludables y garantizar que sus características pasen a la próxima generación.

Así, Mon Diez recuerda a los galleros que el éxito no se mide solo en los gallos que suben al ruedo, sino también en las gallinas que, silenciosamente, ponen los huevos y aseguran el futuro de la crianza.
